Es un hecho que España no sabe mirar ni hacia su propio ombligo. Las condiciones económicas y políticas del país dejan poco espacio para las preocupaciones sociales aunque, por fin, el autismo puede estar de enhorabuena.
Aunque siempre siguiendo una orden de arriba, desde el pasado 2 de abril y, a partir de ahora anualmente, los españoles saben un poco más de una enfermedad que, a pesar de tener más de medio siglo, aún es la eterna desconocida de los trastornos de la personalidad y de las relaciones sociales.
No sólo no se invierte en investigaciones científicas para tratar de encontrar una explicación a la enfermedad, sino que apenas se le cabida en ningún aspecto. Hasta hace cuatro años, las familias costeaban por entero los gastos de formación y atención de sus hijos autistas.
La Ley de Dependencia pretendía tratar de mejorar en ese sentido y lo cierto es que el paso que ha dado hacia delante ha sido mínimo. Ahora el Estado paga la atención que reciben en centros especializados, siempre que éstos sean públicos o concertados, y a cambio, las familias le dan la parte económica correspondiente a una ley que se preocupa poco más que de las atenciones a personas mayores.
Las familias de los autistas dependientes de momento se conforman con que comience a sonar su nombre para que la conciencia social acerca de esta enfermedad crezca con la esperanza de que los españoles empiecen a intentar ayudarse unos a otros a la primera iniciativa que establezca el Estado. Lo que no quieren ver es que en toda España prima ese sentimiento de que atender los problemas propios no deja tiempo para preocuparse por los de los demás.
Por eso, el elemento que mayor apoyo les está dando en estos momentos es Internet. A través de la Red, las familias comparten sus experiencias, sentimientos e ideas para ayudarse unas a otras, porque no hay mejor cosa que el sentimiento compartido para empezar a pensar más allá de uno mismo, aunque eso sí, siempre buscando el propio beneficio.
Pero, todas estas personas comparten un mismo hecho, el de que sus hijos nunca podrán adaptarse al mundo laboral porque lo que necesitan no es una formación académica o administrativa, sino cuidados de por vida. Para los enfermos de autismo de nivel bajo, el mayor logro sería poder expresar a la primera sus necesidades o llegar a relacionase con otras personas.
Sin embargo, las familias de los autistas de nivel alto, los afectados con el Síndrome de Asperger, además de buscar un apoyo a nivel nacional en todos esos sentidos de reconocimiento de la enfermedad, subvenciones o adaptación social, se sienten impotentes ante el hecho de tener unos familiares en muchos casos altamente cualificados para desarrollar multitud de empleos de una manera más efectiva que la mayoría de las personas sanas.
El británico Stephen Wiltshire sirve de ejemplo para explicar que no es un mito. Muchos de los afectados por este trastorno del espectro autista tienen un coeficiente intelectual por encima de la media. En el caso de Stephen, “la cámara humana”, es uno de esos “otros genios” que tiene que ser enseñado a relacionarse dentro de la sociedad. A los 38 años no sabe atarse él solo los zapatos y sin embargo posee la habilidad de pintar ciudades de memoria. Con sólo un paseo en helicóptero sobrevolándola es capaz de retratarla recordando la imagen que ha guardado en su mente.
Al igual que Stephen y sin salir del territorio nacional hay muchos otros casos menos mediáticos de personas que padecen Síndrome de Asperger y, además de las características de cualquier autista, posee una memoria y una capacidad de cálculo impresionantes. Decir que estas personas no merecen que se les dé una oportunidad en el mundo laboral por ejemplo de las finanzas sería un disparate. Pero lo cierto es que es así, ellos no se relacionan y a cambio nadie les tiende la mano para que demuestren lo que saben hacer.
Habrá que esperar a que, como todo en este país, sea una especie de moda el contratar a gente con estas características. Cuando los altos magnates de las empresas financieras se den cuenta de que hay personas que pueden calcular al instante la raíz cuadrada de números de siete cifras, seguro que muchos de ellos comenzarán a pelearse por darles trabajo. Y no como una función social de ofrecerles a estas personas una oportunidad en el mercado laboral, sino por el hecho de ahorrarse dinero en comprar material de oficina como ordenadores o calculadoras.

Nada que decír, solo que eres muy linda!!